La activación fisiológica es la reacción natural que nuestro cuerpo pone en marcha ante cualquier situación en la que debemos prestar mucha atención o mantenernos alerta.

Cualquier persona ejecuta mejor una tarea cuando su sistema nervioso está moderadamente estimulado o activado. Si nuestro nivel de estimulación es muy bajo, como cuando acabamos de despertarnos, solemos sentirnos torpes, sin energía e incluso nos cuesta pensar con claridad.

Por el contrario, una estimulación muy alta de nuestro sistema nervioso puede llevarnos a sentirnos tensos, descentrados, nerviosos, bloqueados o eufóricos, como si estuviéramos fuera de control, aunque este estado puede ser una respuesta biológica adecuada en situaciones de riesgo para nuestra seguridad o integridad. Es lo que llamamos respuesta de estrés.

Fuera de este tipo de situaciones extremas, el nivel de estimulación más adecuado para nosotros no se encuentra ni en un extremo ni en el otro, sino más bien a medio camino entre ambos: en el llamado «nivel óptimo de estimulación nerviosa».

La intensidad con la que reacciona nuestro sistema nervioso en la misma situación o ante un mismo estímulo varía ampliamente entre unas personas y otras. Dentro de esta variedad, los animales altamente sensibles, humanos incluidos, alcanzamos un estado de activación nerviosa más rápidamente que el resto de la población. En otras palabras, nuestro sistema nervioso tiene un umbral más bajo de respuesta a los estímulos y también alcanza un estado de estrés fisiológico más rápidamente.

Se trata de una diferencia heredada y con una base biológica, aunque puede verse modulada por las experiencias de vida, especialmente durante nuestra infancia. Lo que inicialmente es una ventaja evolutiva (la capacidad para captar señales del entorno y, por tanto, responder ante posibles riesgos o peligros) puede acabar siendo una desventaja cuando se vive en una sociedad como la nuestra actual, llena de prisas, retos continuos y estímulos de todo tipo, que pueden mantener al organismo altamente sensible en un estado de estimulación constante, cada día y sin oportunidades para descansar y recuperarse.

Por eso es tan importante que las PAS (personas altamente sensibles) aprendamos a reconocer cuando nuestros niveles de activación son demasiado altos y cuándo esta situación comienza a durar demasiado tiempo, y también qué podemos hacer para reducirla, con el fin de evitar que todo esto termine pasando factura a nuestro equilibrio físico y emocional.